¡Oh dios mío, creo que he perdido la cabeza!
-Primera parte-
Si, efectivamente, eso es lo que he pensado el día de hoy mientras caminaba por la calle y cientos de miles de pensamientos irracionales llegaron a mi mente… ¿Qué cual es la razón? Sencillo, un piano.
No sé exactamente la fecha ni la hora, pero un vago recuerdo es el único que conservo desde que todo inicio, cuando era pequeña –hace unos cuantos ayeres- yo soñaba con tocar el piano ¡Oh claro que sí! Día tras día, noche tras noche, ese infernal deseo de tocar el piano me invadía y me hacía sentir la niña más especial del mundo ¿Y cómo no sentirme así? Si mi maestro de Ballet, mi ídolo en aquel entonces, tocaba unas hermosas melodías en aquel bello piano que había en el salón…
Por un tiempo, unos dos años aproximadamente, todo fue miel sobre hojuelas, me sentía dichosa con el simple hecho de escuchar a mi maestro tocar cada vez que había ensayo, pero como nada es eterno, llego el día, si, el día en que mi madre dijo ¡Basta!
Se había acabado mi mundo feliz, adiós el Ballet, tenían otras cosas en mente para mí, si bien ella poco quería sacarme del grupo, pero habían sucedido cosas: en primer lugar, el grupo de ballet era cada vez mas pequeño, y por ende en fechas próximas se cerraría, en segundo lugar, el otro estudio o escuela de ballet, era bastante caro, y además, las niñas “gordas” no podían bailar ballet. Algo que con los años se dieron cuenta era falso, ya que esta “Niña gorda” era sumamente flexible y capaz de mantener sus posiciones.
Paso un tiempo sin que yo volviera a saber del Ballet, o música clásica, mi vida giraba en torno al arte, en otras palabras a la pintura y el dibujo, fue entonces cuando en los últimos meses del año, tuve un re encuentro milagroso con la música, ya que para que me relajara un poco y las ideas fluyeran de manera libre, comencé a escuchar música clásica, y fue entonces cuando la melodía de “Para Elisa” del maestro Beethoven, enloqueció mis sentidos, mayormente el auditivo, y un maravilloso mundo de éxtasis musical regreso a mí en el recuerdo de mi estimado profesor de Ballet, cosa que hizo que enloqueciera buscando mas música similar en tiendas de discos y finalmente enamorarme perdidamente del piano.
A la edad de 9 años ya había pedido que me permitieran tomar clases de piano, sin embargo se me negó de manera rotunda por parte de mis padres debido a unos cuantos gastos familiares que se presentaron en ese entonces, con el paso del tiempo simple y sencillamente me dedique a escuchar unas cuantas melodías de mis disco, fantaseando que algún día podría tocar así.
Y así fue hasta cinco años después, ya casi tenia olvidado ese bello mundo musical, solo unas cuantas melodías me acompañaban en mis aburridos días estudiantiles, fue entonces cuando el segundo año de secundaria trajo algo bueno consigo, y no, no me refiero a mi bien pagado empleo de Paquetera, no, no… A lo que me refiero es a la clase de artísticas que dedico ese año escolar a la música, el instrumento, una flauta…
Continuará…
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